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domingo, septiembre 11, 2016

La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina, Lidia Ferrari (Edit. Letra Viva, 2016)

El libro "La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina" ha sido publicado en junio de 2016 por la editorial Letra Viva en Buenos Aires. 
Este libro se comienza a gestar en los inicios de los '90 a partir de la inquietud por comprender cómo podían corresponderse de manera tan exacta las bromas pesadas de la televisión menemista con las protagonizadas en torno a 1900 en Argentina y en la Florencia del Quattrocento
Nuestra tesis es que las bromas pesadas son una coartada de una experiencia sádica, aceptada socialmente, y por eso las ubicamos como un fenómeno inmerso en el amplio campo de la diversión en la crueldad sobre el otro. Las manifestaciones sádicas directas son sancionadas, las que se tramitan como bromas pesadas pueden convocar a la risa general.

Analizamos la estructura de las bromas pesadas en sus dimensiones histórica, retórica, dramática, jurídica y, sobre todo, en su dimensión psicoanalítica, la perspectiva que engarza las diferentes aristas del problema.

PRÓLOGO DE JORGE ALEMÁN 

El apasionante libro de Lidia Ferrari es, sin duda, una novedad singular sobre un tema que las ciencias sociales, el psicoanálisis e incluso los estudios retóricos no han considerado de modo pertinente.  Ferrari nos presenta la dilucidación y elaboración de un dispositivo que, de un modo genérico, la autora denomina "la diversión en la crueldad". Ese dispositivo es presentado de un modo estricto en cada uno de los pasos de su montaje y se analiza pormenorizadamente lo que el mismo se propone obtener. 

La "broma pesada" y su antecedente la "beffa" del famoso Bruneschelli de la perspectiva, no es una formación del inconsciente del mismo orden que el chiste, el olvido, el lapsus, etc. Tampoco participa de lo cómico o del humor en sus distintas variantes tradicionales o vanguardistas. Lidia Ferrari, como estudiosa de las tesis sobre el "goce" en Jacques Lacan y de la estructuración retórica de la sociedad en Ernesto Laclau, desarrolla con una lógica rigurosa y ejemplar cómo en la broma pesada se realiza un goce sádico que sabe perfecta y deliberadamente escoger a su víctima propiciatoria.

¿Qué obtiene un grupo, funcionando cuasi como una sociedad secreta, al elegir a una víctima débil a través de la cual ese grupo se unificará realizando su crueldad organizada? Que la víctima acabe siendo un objeto degradado por el actor grupal de la broma pesada confirma, como lo demuestra Ferrari, su pertenencia a la lógica fálica y masculina. En definitiva, el grupo se unifica escogiendo a la víctima para alejar de sí todo aquello que pudiera evocar la brecha, la fisura, la fractura, en suma la Castración tal como la entienden Freud y Lacan, siempre implícita en la constitución del sujeto. 

Pero una vez presentada la lógica interna de la broma pesada y los elementos constitutivos de su montaje sádico, Ferrari se dirige a otra cuestión crucial: ¿en qué contexto histórico-cultural la broma pesada, los "fumistas", los "patoteros", los "beffatori" encuentran un suelo propicio para crecer y expandir su insólito prestigio? Confieso que siempre he presentido que la Argentina era uno de esos sitios "hospitalarios" para la broma pesada. En innumerables conversaciones con amigos nos hemos interrogado en distintas ocasiones por esa insistencia por la diversión en la crueldad tan presente en nuestra literatura y tan desplegada a posteriori, como lo analiza Ferrari, en el cenit del menemismo. 

Por último, más allá de las coyunturas históricas donde la broma pesada campea a sus anchas, Lidia Ferrari siempre da las razones oportunas de dicho acontecer. La misma que, al ser un montaje sádico que degrada a la víctima hasta volverla un puro medio de goce ofrendado a un Otro oscuro, nos revela algo definitivo sobre la condición humana.  

El libro se puede comprar on-line en la Editorial Letra Viva 

lunes, noviembre 18, 2013

Creencia, credulidad y engaño

Creencia, credulidad y engaño [1]
Lidia Ferrari

El análisis de la creencia permite comprender  cómo hasta las mentiras más evidentes y estúpidas pueden ser creídas. Los impostores, los cínicos y los políticos mentirosos se valen de la condición de ser crédulo de todo sujeto en tanto para habitar el mundo y poder relacionarse con los otros es preciso que haya algún tipo de certeza, ya sea fundada en la autoridad, como plantea Wittgenstein, en la función de algo que no engañe según Lacan o en el principio de la credibilidad general analizada por Michel de Certeau. 
Una de las conclusiones que podemos extraer es que quien se ubica desde una posición de privilegio y poder y desconoce escrúpulos éticos para la mentira y el engaño está en condiciones de atrapar en su red a quienes ocupan el lugar de incautos de la verdad.
Una de las inestables consistencias en las que se sostiene el mundo es precisamente la del sostén de la frontera entre realidad y ficción. Si aceptáramos que estas fronteras son tan laxas como para que desaparezcan las diferencias entre ellas, la lucha sería sólo por la hegemonía de los relatos que quieren aparecer como reales o verdaderos. En un siglo XXI dominado por los medios de comunicación como creadores de realidad, la lucha por la hegemonía no se jugaría tanto en el campo de las acciones políticas sino en la capacidad para dar a creer lo que se quiere hacer creer.
Quien se instala en el poder  a través de la mentira y de la manipulación de los relatos  es más poderoso que su incauta víctima, quien cree en la palabra del Otro. Todos aquellos que
inescrupulosamente pueden manipular cierto orden de creencia pueden fácilmente ocupar una posición dominante sobre los demás, en particular porque la ética de la verdad no los limita.
¿Cuáles serían las consecuencias sociales y subjetivas cuando ciertos marcos que otorga la realidad en la que se vive no puede ya dar orientación sobre lo que es cierto y lo que no lo es, sobre la diferencia lábil y precaria, pero existente, entre mentira y verdad; cuando tambalea el parámetro que pueda servir de referencia para poder decidir lo que es falso y lo que no lo es?
En este sentido, dice Hannah Arendt que “el resultado de una consistente y total sustitución de las mentiras por la verdad factual no es que las mentiras vayan a ser aceptadas en adelante como verdad, y la verdad se difame como una mentira, sino que el sentido por el que establecemos nuestro rumbo en el mundo real y la categoría de verdad contra falsedad queda destruido”. Y agrega: “Para este problema no hay remedio” pues “no es más que la otra cara del incómodo carácter contingente de toda la realidad objetiva”.




[1] Fragmento del libro “La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina” (Letra Viva, 2016), de Lidia Ferrari y del texto “Una estrategia narrativa de la dominación y la Verleugnung freudiana”, publicado en la revista “Psicoanálisis y el hospital”, Nro. 49 “El superyó de la época”, 2016



miércoles, marzo 07, 2012

El Pater semper incertus est después del desciframiento del ADN


El Pater semper incertus est después del desciframiento del ADN [1]
Lidia Ferrari

A partir de los avances en genética celular que permiten determinar la paternidad biológica [2], pareciera que la ciencia pudiera tocar un real, el del bios.  Con el desciframiento del ADN se pueden leer las trazas de un ordenamiento que en el cuerpo biológico existe y existía antes de que los científicos pudieran leerla.
La certidumbre que ofrece el estudio del ADN a veces se usa como  si pudiera resolver el difícil problema de la paternidad, retrocediendo en las enseñanzas del psicoanálisis,  que nos dice que se trata de una función. 
La locución latina Pater semper incertus est  se apoyaba en la incertidumbre de poder decir quién era el padre biológico. Es por ello que el derecho romano establece que el padre es el señalado por el matrimonio: Pater is est quem nuptiae demonstrant. Era importante en Roma por el problema sucesorio de los hijos legítimos (legitimi o iusti); de esta manera el hijo adquiría el estatuto civil del padre. 
¿El Pater semper incertus est podría ser impugnado  apoyándose en la ciencia actual?  La paternidad biológica que es posible comprobar a partir de los estudios del ADN pone en entredicho esta incertidumbre y, sobre todo, esta idea de que el padre deba ser el señalado por el matrimonio. En la actualidad la madre no precisa un padre para tener un hijo, pues la inseminación artificial se lo permite. Pero, “si se quiere fundar la paternidad en la “verdad” biológica, aparece más que nunca su fragilidad” dirá P. Julien. Más bien el pater semper incertus est apoyado en una incertidumbre que ya no es tal, si se toman los avances de la ciencia, parece continuar enunciando lo incierto de  la función paterna. Como lo plantea Lacan, “Sólo hay un único padre real, es el espermatozoide y, hasta nueva orden, a nadie se le ocurrió nunca decir que era hijo de tal espermatozoide”. Esto es, porque no hay filiación sin la intervención del Nombre-del-Padre.
Los resultados del ADN pueden descifrar un real, a partir del que se siguen consecuencias en lo simbólico y en el imaginario de aquellos que pueden reconocerse en ese desciframiento como hijo y padre biológico. Esto tiene consecuencias psíquicas y, como en el caso de los nietos recuperados, también de orden jurídico y  político-sociales.
En la antigua Roma  la incertidumbre de no saber quién era el padre biológico tenía consecuencias a nivel del derecho de las sucesiones. La organización social y su relación con el poder, por el interés del pater familias, necesitaba un derecho sucesorio que protegiera sus fortunas y la herencia de los hijos legítimos. De manera similar el estudio del ADN encuentra una aplicación y una necesidad en el ámbito social cuando por una decisión política se abre al juzgamiento de los crímenes del terrorismo de Estado. Esta tecnología tiene consecuencias en el derecho  de las sucesiones y en otros campos jurídicos, como en el de los crímenes de lesa humanidad. 
El caso de Miguel nos permite ver que la paternidad del lado de los apropiadores viene defectuosa, pero no precisamente porque no sean los “verdaderos” padres biológicos, sino por la entidad del crimen. La paternidad así se ve estructuralmente afectada por el crimen. 
Es por eso que la trascendencia del estudio del ADN, no es sólo porque se recupera al padre y madre biológicos, como “verdaderos” padres, sino que se certifica, se sanciona el crimen de los padres apropiadores. Lo que se observa es que sobre este crimen estos padres han montado un simulacro de paternidad.

[1] Fragmento del texto “La maldad en la sangre. La inscripción de una política del crimen en el cuerpo”, de Lidia Ferrari. Publicado en la revista Psicoanálisis y el Hospital “Identidades”. Nro. 47 y en la revista Debates y Combates. Nro 7. Año 5.

[2]  “Cuanto más el saber científico torna inteligible la relación entre el espermatozoide y el óvulo, más hace aparecer como imposible que lo verdadero de la paternidad sea del orden de lo que ese saber muestra”... “cuanto más avanza el saber, más se ensancha la grieta, y habría entonces abuso de lenguaje al hablar de paternidad biológica”. Seguimos usando este término: paternidad biológica por comodidad, si bien compartimos la objeción de P. Julien. Julien, Philippe. El manto de Noé. Ensayo sobre la paternidad. Buenos Aires, Alianza, 1993.