martes, marzo 28, 2017

Presentación del libro de Lidia Ferrari: "La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina”

Estar acá es un gran gusto para mí. Vine al Hospital Ameghino a dar una charla sobre la historia del Tango, hace bastantes años. Voy a hablar sobre el libro y después me gustaría que conversemos entre todos.  Les cuento como surgió este libro, que tiene una cocina de más de 20 años.  A fines de los 80 empecé a bailar tango, me apasioné tanto que empecé a investigar sobre el Tango, lo que me llevó a leer mucho sobre historia argentina.  Me metí en profundidad no tanto en libros de historia, sino a buscar en biografías, en artículos periodísticos, visité mucho las bibliotecas, ya que había poco sobre el Tango. Precisamente, haciendo ese trabajo, me encontré con muchísimos casos de bromas pesadas, lo que me sorprendió. Descubrí que Sarmiento, Rosas, José Ingenieros fueron grandes bromistas pesados. En el Novecientos y también desde antes,  la broma pesada era -es lo que podía ver-, sintomática en la cultura argentina. También los fenómenos de las patotas y los patoteros, que viene de lejos. El tema de la diversión en la crueldad respecto del prójimo siempre estuvo presente en la literatura argentina pero de una forma donde la diversión cruel se realizaba al enemigo ideológico,  como en El Matadero, de Echeverría, o La Refalosa, de Ascasubi. La crueldad respecto del enemigo es una crueldad más aceptada socialmente. En ese momento, me encontré simultáneamente con una gran cantidad de experiencias donde se trataba de la broma pesada - ahora les voy a contar como considero a la broma pesada-.  Me metí con profundidad en el tema y como me apasionó la cuestión,  decidí hacer una tesis de doctorado en la Facultad de Psicología. Presenté el proyecto, con la fortuna que  Ernesto Laclau aceptara ser mi director de tesis, así que estuve trabajando bastante tiempo con él. Por desgracia hemos  perdido a ese gran intelectual Ernesto Laclau, un amigo. Para mí fue una falta muy grande entre otras cosas porque el primer interlocutor de este libro  iba a ser él.  La cuestión es que cuando por una cuestión personal me fui a vivir a Italia abandoné el formato de la tesis y seguí trabajando.  El libro está narrado en tono ensayístico y no académico. El subtítulo “Psicoanálisis de una pasión argentina” proviene del descubrimiento de lo que parece una gran vocación por las bromas pesadas, si bien no se trata solamente de la broma pesada, sino de un fenómeno más amplio, por eso lo denomino “Diversión en la Crueldad”.  En la parte histórica, de todos modos, analizo la Italia del Renacimiento, donde hay una presencia del fenómeno tan importante como en la Argentina del ‘900.
¿De qué se trata lo que llamo “broma pesada”? Cuando empiezo a investigar y descubro su existencia en la historia argentina, es el momento de los ‘90 donde, ustedes recordarán,  los programas de televisión de Marcelo Tinelli y Pergolini  giraban en torno a las bromas pesadas, a través de las cámaras ocultas. Pero no solamente en la televisión, recuerdo muy bien las anécdotas de familiares míos de San Pedro, de una forma de diversión que estaba a la orden del día; la broma pesada se hacía todo el tiempo y en todo lugar. Recogí gran cantidad de anécdotas, algunas muy crueles. Hasta en los consejos deliberantes o en los aeropuertos, o sea que hacer una broma pesada era una cosa cotidiana. Entonces junté estos dos momentos, en la historia en torno al novecientos y la actualidad de los ‘90 en la época de Menem.
 El caso paradigmático que tomo es una anécdota de José Ingenieros. Ingenieros, entre el  1902 o 1904, con Rubén Darío y un grupo de intelectuales y artistas de ese momento, fundan una sociedad secreta que llamaron “La Syringa”. Era una sociedad dedicada, podríamos decir, a las cuestiones literarias, pero sobre todo, y es lo que ha llegado a nosotros, es famosa, por las bromas pesadas que realizaban. La Siringa es un instrumento musical y el nombre de una ninfa: Syrinx,  que proviene de la Grecia antigua. La Syringa de Ingenieros era un grupo pequeño de hombres que se dedicaban en forma pretendidamente secreta a cuestiones literarias pero, sobre todo, a realizar bromas. Pergeñan una broma pesada a un poeta cordobés, un poeta provinciano. Uno de los que narra esta broma muy famosa, titula el texto donde la cuenta:  “un oscuro poeta provinciano”.  Deciden hacerle un homenaje por su calidad artístico-literaria (aunque lo consideraban mediocre) y lo invitan a venir a Buenos Aires. Organizan un recibimiento fastuoso, con todos los honores. Autoridades, intelectuales, artistas, y hasta simulan que vienen de Francia a consagrarlo. Lo reciben y lo llevan a un club donde organizan una recepción muy importante.  Al otro día, este poeta provinciano, comienza a darse cuenta de la patraña cuando  empieza a llamar a la casa de José Ingenieros, a la gente que lo había invitado y le dicen, mofándose: José Ingenieros se fue a Teherán;  otra persona le dice que se fue a alimentar a los elefantes. Entonces cae en la cuenta que se trataba de una farsa. La historia,  narrada por la gente que la vivió, dice que el poeta provinciano se volvió loco. Lo que se narra es que todo terminó muy mal para esta víctima de la broma. Este es, podríamos decir, un esquema de lo que sería una broma pesada:  un grupo de hombres -la casuística es así- son hombres, muchas veces jóvenes, que se reúnen y encuentran a un punto, candidato, víctima, así lo llaman y pergeñan un dispositivo donde lo hacen caer en un engaño, en una mentira que después se devela como broma. Es la misma estructura que se veía en la televisión.  En Tinelli, no sé si recordarán que se terminaba con “es una jodita para Tinelli”.  Trabajo lo que puede significar que, en general la víctima de la broma,  terminaba diciendo “Gracias Marcelo”.  No sé si lo recordarán. Hay allí muchas aristas, pues no me dedico a la broma pesada solamente si no que me dedico más bien a pensar la cultura argentina en general, pensándolo como una cuestión sintomática. De los varios aspectos que me ocupo, tomo  la dimensión retórica, histórica, jurídica, dramática, y también obviamente de la dimensión psicoanalítica.  Tomando el análisis que hace  David Viñas del teatro de Gregorio de Laferrère, teatro que, puede sorprender, pero está basado en su mayoría en bromas pesadas. Así también trabajo Roberto  Arlt  que tiene una obra, Saverio El Cruel, que es una broma pesada, tanto que uno de los personajes lo cita a José Ingenieros, como bromista. Bueno, el teatro de de Laferrère,  que es muy bien analizado por David Viñas, precisamente muestra a de Laferrère como aristócrata y como un gran bromista pesado que  practica esas bromas en la vida cotidiana y las usa como trama en sus obras de teatro. En esa época hay todo un lenguaje que hemos perdido. Hay una cantidad de terminología muy en boga en la época, como  “Titeador” “Fumista”.  El fumismo (hacer bromas o bromas pesadas)  viene de Francia, de la palabra “fumisme o fumisterie”.  La cuestión es que en este caso las bromas quedan como, podríamos decir, un reducto donde se divierten los jóvenes varones, que se reúnen en grupos, en patotas.  En  el caso de la Syringa, ellos mismos la llaman secta. Esa Secta secreta de Rubén Darío y de Ingenieros, proclama a estas bromas como una manera de contestar a las tradiciones, dándole un matiz vanguardista a este espíritu “fumista”. A partir de ahí se puede establecer una relación con ciertas maneras, que llegan hasta nuestros días, del culto del coraje criollo. Ustedes sabrán que Borges es un gran mentor, pero no sólo él, sino que  en toda la literatura argentina aparece el culto del coraje criollo. Hay poquísimos autores que tienen otra lectura, como Blas Matamoro cuando se pregunta: ¿culto del coraje criollo o elogio del matón? No puedo sino dar trazos grandes del análisis que realizo.

Me parece que en la narrativa, en el suelo donde estamos parados de nuestra narrativa histórica se encuentra allí los temas de la pelea, la crueldad, la agresividad, el sadismo, como un patrimonio de los hombres. Hago  una relación con la Roma Antigua, no lo voy a profundizar aquí, si tienen ganas lo pueden leer, donde precisamente se trata del dominio sobre el otro, como en el dominio del “Pater Familias” de la antigua Roma. Uno de los ingredientes de la broma pesada es que ese grupo que se reúne, en general con un líder, para hacer una broma pesada, en general tiene una potestad sobre el otro que se puede leer  como un remedo del predominio de lo masculino, de los ciudadanos libres de la antigua Roma. Podríamos relacionarlo también con el fantasma que analiza muy bien  Freud, el fantasma de la pasividad  masculina, el fantasma de los hombres que rechazan colocarse en posición pasiva respecto de otro hombre y que Freud lo ubica como un fantasma masculino, que está en  la base de la resistencia al análisis de muchos hombres, resistencia a ponerse en posición pasiva respecto de otro masculino, el analista, por ejemplo.
Voy  directamente a otro punto que me había comentado Nelly, que lo había leído, que es el tema de la credulidad. Analizo el dispositivo, este dispositivo para pensar la cuestión de la credulidad y de la creencia, también en términos retóricos.  Después les comentaré algo desde la dimensión de lo jurídico, por las consecuencias. Me tomé bastante tiempo, con veinte años uno puede hacer bastantes cosas ¿No?
En este caso, debido a la estructura del dispositivo,  la crueldad del dispositivo de la broma pesada radica principalmente en el engaño hacia el otro. La víctima es victimizada por  un otro en el que confía, familia, amigos. Ustedes han visto los dispositivos de Tinelli que tienen que hacer toda una estratagema para que caiga la víctima en ese dispositivo y crea que eso no es una ficción sino que es la realidad que le toca vivir. En ese sentido, me vi llevada a pensar en el tema de la credulidad. De esta manera relaciono varios autores de la tradición moderna para pensar el tema de la credulidad.  Me ocupo de Wittgenstein cuando plantea que hay un principio de autoridad en el cual estamos inmersos. Porque nosotros no podemos estar todo el tiempo indagando, cada persona no puede estar ratificando o rectificando lo que vive o lo que le dicen. No podemos poner en duda que dos más dos es cuatro, ni que la tierra es redonda, dice Wittgenstein. Lo que se relaciona con Michel De Certeau cuando habla del “principio de la credibilidad general”, que sería como la forma en que se nos presentan las cosas, es decir se nos tienen que presentar de determinada forma para que creamos en ella. De Certeau plantea el principio por el cual “creemos porque hay muchos que creen”, o sea, son los otros que creen, los que nos llevan a creer también. La otra cuestión que trabajo es cuando  Lacan plantea que “es preciso que algo no engañe”. Él lo trabaja en el seminario sobre la psicosis, en el sentido de los sistemas de referencia del mundo donde precisamos que haya algo, él dice “un Dios que no engañe”, “un Real que no engañe” porque plantea, por ejemplo, que para la ciencia es necesario pensar que la materia no engaña, que si el experimento no funciona no es porque nos engañó la materia que manipulamos, sino porque hay algo en el experimento, sino la ciencia no tendría ningún sentido. Estos principios podríamos decir, justifican, en términos intelectuales la necesidad de que haya algo que no engañe. Las bromas pesadas o este tipo de diversiones se pueden producir precisamente por aprovecharse de este principio. Se dirigen a ese sujeto que es crédulo por definición, en el sentido de que no puede no ser crédulo. No podemos desconfiar de todo lo que vivimos. A partir de allí intento además pensar algo de nuestra actualidad, donde, efectivamente, estos criterios están puestos en  duda.  Pues este principio de la credibilidad general, que nos permite contar con ciertas categorías problemáticas, es cierto, pero que funcionan, como la ficción, la verdad, la falsedad, o cierto  principio de realidad. Es cierto que contienen cierta ambigüedad, pero se sostienen. Si todo fuera ficción, nada sería ficción. Hasta en los sueños Freud plantea que se hace necesario en el relato del sueño, cuando se  trata de acomodar el texto y hacer verosímil el relato. También en la ficción fantástica opera este principio. El problema es que  estamos asistiendo a un momento donde están siendo vapuleados estos principios. Ustedes estarán al tanto de lo que eso significa. O sea, la gente cree en las mentiras y está inundada de mentiras y engaños.
 En este sentido trabajo un relato de Borges y Bioy Casares, ambientado en 1930, sobre el fútbol que se escucha por la radio. Resulta que  durante 30 años no se juega ningún partido de fútbol, sino que son relatos ficticios, los clubes son inventados para los programas de radio, con los nombres de los jugadores, y los resultados de los partidos. En  el relato llega un momento donde un tipo descubre que se trata efectivamente de que no hay ningún jugador de fútbol, ningún partido, ninguna cancha, entonces le dice al presidente del club Abasto Junior -que así se llama-, le dice “No se preocupe, yo no le voy a contar a nadie de esta farsa”, y el presidente del club de fútbol le responde “No se preocupe, diga lo que se le da la gana, nadie le va a creer”. Podríamos decir que este dispositivo de la broma pesada nos permite encontrar cómo el bromista pesado, así como los impostores  (trabajo Giacomo Casanova en una escena como impostor), los políticos mentirosos, todos están abusando, podríamos decir, de este principio donde siempre hay alguien que cree, que necesita creer, y que esto no se puede vulnerar sin una consecuencia, podríamos decir nefasta, en este sentido.  Hanna Arendt también trabaja el problema de la mentira en política y plantea que cuando la mentira se pone en el lugar de la verdad y la verdad en el lugar de la mentira, lo que ella dice no es que la mentira después la pensamos como verdadera o la verdad pensamos que es mentira; lo que se altera es el sistema de referencia respecto de lo que es verdad y lo que es mentira. Y plantea algo muy interesante.  Dice que esto tiene que ver con el principio de contingencia en el cual vivimos, pero que en el momento en que esto ocurra, el hombre que diga la verdad será un revolucionario. Creo que es la palabra que usa. Quien diga la verdad será alguien que ya está empezando a cambiar las cosas. Digamos que da una esperanza, una expectativa a este orden de cosas, pues ella plantea que el decir la verdad sería como un acto subversivo respecto de este orden trastocado.
Respecto del problema de la ficción, analizándolo a partir de un texto de Borges del ‘55, donde plantea -por supuesto que en el 55 escribe un relato en contra de Perón-, donde viene a denunciar las supuestas mentiras del régimen peronista, y él plantea que viene a decir las cosas como son, ya que Perón engañaba a la gente. En ese punto hace un análisis tomando a Coleridge, con su principio de la voluntaria suspensión de la incredulidad de la fe poética. La ficción para funcionar implica que la gente voluntariamente suspenda su incredulidad para creer en la ficción, eso es lo que dice Coleridge. Para Borges se trataría del mismo mecanismo de la mentira en política. Yo creo, por el contrario, que se trata de algo bien diferente. Además de que en este texto Borges nos ofrece su creencia política como la verdad. En realidad, la ficción en las obras de teatro funciona porque uno entra a la ficción sabiendo que es una ficción. Como dice Mannoni,  por esta posibilidad de que lo simbólico te permite entrar en un dispositivo donde se pone en juego lo  imaginario y te identificás con los personajes, te emocionás, pero sabiendo que está en juego lo ficcional. Uno entra en la ficción sabiendo que se trata de una ficción, ya sea en el teatro, en el cine o en una novela. En el caso de la broma pesada, o en el caso de los impostores, o de los estafadores, en los casos en que hay fraude, o de los políticos mentirosos, efectivamente se trata de hacer como que es real lo que es ficción. En ese sentido, esto le da toda la potencia y el poder al inescrupuloso  que no tiene problemas en engañar, lo que hace que el crédulo ocupe inevitablemente el lugar de la víctima. Muy diferente del dispositivo de la voluntaria suspensión de la incredulidad, pues en estos casos no es voluntario, es producto del engaño. 
Analizo la convivencia en ciertos períodos históricos, que se hizo evidente durante el menemismo,  o  en el novecientos. Hay un tipo de convivencia donde  hay un intercambio social que privilegia el diálogo entre el vivo y el zonzo. Julio Mafud  dice que Argentina es el lugar donde hay más sinónimos que hablan del vivo y del zonzo, y da una lista enorme de vocablos, donde se ve que el zonzo es el que tiene mayor cantidad de sinónimos. Precisamente pues se trata del lugar del objeto del que se habla, pues el que tiene la voz cantante es el vivo. Pienso que en determinados períodos históricos hay un predominio de un intercambio asimétrico, jerárquico, inferiorizante. Ahí  se podría hasta pensar en un cierta lógica masculina, donde siempre se trata de poner al otro en lugar pasivo, feminizado.  Hay en la historia Argentina muchísimo de esto. Un cultivo de esta juvenil masculinidad que siempre encuentra la forma de divertirse tomando de punto al otro. Por ejemplo es muy notable cuando José Ingenieros muere relativamente joven, a los 48 años, sus amigos, discípulos e intelectuales del momento, escriben un número en una revista dedicada a homenajearlo, publicada dos meses después de su muerte. Todos hablan del bromista pesado que era José Ingenieros cuando era una revista en su homenaje. Todos hablan de su crueldad, como si fuera un lugar común. Algunos lo cuentan como diciendo que se trata de un espíritu juvenil. Viñas dice que sí, que se trata de lo juvenil pero violento, patotero.  Voy a dejar acá para que podamos conversar.  Gracias. 


Transcripción de la presentación de Lidia Ferrari de su libro La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina, de editorial Letra Viva, realizada en el Hospital Ameghino, Centro de Salud Mental Nro. 3, Buenos Aires, en septiembre de 2016. 



viernes, enero 27, 2017

Lo que puede decir una ilustración - Sobre la tapa del libro "La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina", de L. Ferrari



Lo que puede decir una ilustración

A raíz de la publicación de mi libro La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina, varias personas me preguntaron sobre la ilustración de la tapa.

En una investigación que realizaba en la Biblioteca de Francia en París, me encontré con el libro “Tangoville” del autor SEM. Para más precisión lo fui a buscar. Se trata de un libro de grandes proporciones en cuyas páginas sólo se presentan  ilustraciones del famoso Georges Goursat (SEM), ilustrador de varias revistas importantes de Francia y el mundo de las primeras décadas del siglo XX. Cada ilustración muestra a personajes importantes de la época que, en clave satírica, bailan el tango. El libro es la encarnación de eso que ocurría en el año en que fue publicado: 1913, año de la tangomanía en París y en el mundo. ¿Quiénes son los protagonistas de esas divertidas y a veces mordaces ilustraciones? Lo más granado de la aristocracia y burguesía que asistía a esos bailes donde el protagonista era el tango, y que fue uno  de los empujones más fuertes para el éxito internacional del tango. SEM agrega los nombres de los personajes encumbrados que satiriza y coloca en poses extrañas en este exótico compendio que es Tangoville (ciudad del tango). Allí se encuentran con Coco Chanel, el Barón M. de Rotschild, Jean Cocteau, DAnnunzio, el Prince Orloff, Agha-Khan, muchos otros y algunos personajes históricos.

Entre tantos apellidos de la realeza y de la nobleza internacional hay una ilustración, la elegida para el libro, donde hay dos personajes centrales, dos hombres. Estos dos personajes son  Beni de Castellane y Anchorena (detrás más difusa una silueta femenina mencionada como Mme. Legrand). SEM titula la  ilustración: “Le retour a Buenos Aires” y un texto en castellano debajo dice: “Mi querido, me vas a enseñar el famoso tango parisién”. El más famoso dandi de esa época: Beni de Castellane, le dice eso a un Anchorena argentino.  No sabemos de cuál Anchorena se trata. Quizá fuera Aaron Anchorena, famoso dandi argentino. Los Anchorena, como tantos apellidos ilustres de la oligarquía porteña, formaban parte de este mundillo parisién en el que resplandecía el tango. Un tango que se aristocratizó y que, se dice, volvió aprobado después de su triunfo en París para ser aceptado en su lugar de origen. Una mitología que ya ha encontrado quienes la desmienten, pero que, como toda mitología, le da un sentido a lo que no se conoce y hace enigma.

Entre condes, marqueses, oligarcas y burgueses de alto rango aparecen en las revistas de la época, en las primeras décadas del siglo XX las Madame y los Monsieur Anchorena. Sabemos que una sobrina de Aaron Anchorena se casó con un hijo de este dandi del ambiente mundano internacional. Beni de Castellane, aristócrata de sangre noble, tuvo la ocasión de reunir la nobleza de su sangre con la fortuna gracias al matrimonio con una heredera de un multimillonario estadounidense. Una unión por demás frecuente que compensa de lo que se carece: el aristócrata al que le hace falta el dinero, y la millonaria a la que le falta el nombre. No había llegado el momento en que la realeza se uniera con plebeyos y encima pobres.

¿Por qué  usamos esta ilustración para la tapa de un libro que no se ocupa del tango? El auge de las bromas pesadas del ‘900 coincide con un cultivo de la diversión en las clases burguesas y altas de la época. Los argentinos tenían con París un comercio frecuente y constante. De allí, como se verá en el libro, provienen muchas de las formas de la diversión, si bien aggiornadas al suelo argentino. Los “fumistas” (bromistas pesados) como  José Ingenieros o Gregorio de Laferrere tendrán sus modelos en los parisinos. En la ilustración de SEM se unen la aristocracia argentina y la francesa, el vértice de un mundo en el cual circula una particular forma de diversión.
ilustración completa Tangoville, de SEM
otra ilustración de Tangoville  de SEM - Comte Halley-Claparede. "Le seul moyen de tanguer á l'aise"
 
otra ilustración de Tangoville, de SEM


jueves, enero 12, 2017

Freud en sus 75 años: "Estoy enojado con la humanidad"

Entre las cosas que no se mudaron, cuando mudé de país, estaban algunos dibujos que había hecho a fines de los ’80. Este año procedí a mudarlos. Entre ellos, dos dibujos de Freud. Uno de un retrato de su rostro y el otro de esa foto que no se consigue fácilmente –en el museo de Freud en Londres sólo está reproducida en uno de los lados de un pequeño cubo. Ese dibujo inconcluso, algo grande para el transporte, es sobre esa foto en la que lo están esculpiendo a Freud, sentado en el jardín de su casa. Es una foto hermosa que me hubiera gustado adquirir. Como no fue posible, decidí dibujarla. A Freud se lo ve muy bien, con uno de los perros de la raza chow-chow que tuvo en sus últimos años de vida. ¿Se tratará de Jofie, la inseparable perra que lo acompañaba hasta en las sesiones? Es una instantánea del momento en que Oscar Nemon lo está esculpiendo. Se lo había propuesto Federn para su cumpleaños 75, aceptado a regañadientes por Freud. No fue fácil para Nemon, así lo cuenta en sus memorias, ya que el modelo no hablaba y se mostraba huraño. Pero el resultado le gustó a Freud y a Anna, su hija, tanto que le pidió otra escultura igual para regalar a su hermana. A quien no le gustó fue al ama de llaves de Freud. Así se cuenta en el sitio web del escultor: “La ama de llaves de Freud, Paula Fichtl, comentó que el profesor que el escultor había hecho parecía muy enojado. La respuesta de Freud fue: "Pero es que estoy enojado. Estoy enojado con la humanidad”.
Dibujo inconcluso. Lidia Ferrari, 1989.



Fragmentos del dibujo inconcluso
Jofie, la perra de Freud

Sigmund Freud

miércoles, diciembre 28, 2016

Un rasgo de la víctima como síntoma del verdugo



Un rasgo de la víctima como síntoma del verdugo (fragmento) [1]
Lidia Ferrari

Una vocación argentina por las bromas pesadas 
[…] De acuerdo con esta ecuación que relaciona estrechamente el síntoma del bromista con el rasgo del titeado, ¿podría pensarse una vocación colectiva por las bromas pesadas en ciertas épocas de la Argentina? ¿Si fuera de esa manera, qué revelaría? En continuidad con la hipótesis de que en cierta afición argentina por las bromas pesadas se expresaría un síntoma, se debería indagar en la descripción del rasgo de las víctimas que hacen los bromistas, ya que ellas nos podrían conducir a lo que hace síntoma en el bromista argentino. ¿Cuáles son sus víctimas, qué rasgos portan? Si examinamos la  variedad de siluetas de las víctimas de bromas pesadas predomina un perfil que insiste en la ingenuidad o la credulidad de la víctima. Pero la ingenuidad o la credulidad, el ser incauto frente a una broma, es una condición estructural para la efectuación de toda broma pesada, pues ella sólo se hace posible cuando “cae” la víctima en el engaño, esto es para las bromas de todo tiempo o lugar, como parte del procedimiento general de la broma pesada.

Entonces se podría pensar que con esta afición por las bromas pesadas se privilegia un tipo de diálogo entre engañador-engañado, vivo-tonto y todas sus variantes, lo que mostraría una afición por este tipo de  intercambio. Encontramos esta insistencia, como si la contraposición entre vivo y zonzo fuera una matriz, un síntoma de una manera de estar con los otros  en algunos momentos de la vida argentina. Una manera de estar con los otros a través de esta dualidad: engañador-engañado, vivo-zonzo, verdugo-víctima y como si esta manera del intercambio opacara, en ciertos momentos, otros modos de intercambio. Esta hipótesis no sería descabellada a la luz de los significantes que Viñas menciona cuando dice que se trata de encontrar el “lado flaco”, el “punto débil”,  un tonto, un defecto,  alguien que, como lo estamos leyendo aquí, se pueda ubicar en el lugar de la falta, del castrado. El otro será el zonzo, el engañado, el ingenuo, el provinciano, el gil.

Julio Mafud, en su Psicología de la viveza criolla ha señalado que la Argentina es el país que más sinónimos tiene de los vocablos vivo y zonzo con sus variaciones[i]. En el listado que Mafud presenta de estos vocablos se observa que  las voces para designar al zonzo superan ampliamente a las voces para designar al vivo. No nos sorprende ya que la “voz cantante” la tiene el vivo. Existen más palabras para designar al Otro de quien se habla, ese lugar de objeto que no se quiere ocupar. Este afán imaginario de no ocupar el lugar del zonzo parece estar en el origen de tantos fenómenos que comprometen de diversa manera la crueldad en la diversión:  burlas, bromas, titeo y fumistería.

En el caso de las bromas pesadas, la  pequeña comunidad de bromistas expulsa de sí eso que también la constituye, porque no quiere saber nada de la lógica del “no hay”[ii]. Algo así como un mecanismo de glorificación del narcisismo del grupo que reniega, rechaza ciertos aspectos y los transfiere a ese otro que siempre se presenta como fallado, carente, hasta feminizado.

Jorge Alemán hace una interesante propuesta para poder pensar el Común, como él lo llama, “desde la lógica del «no hay» para inaugurar una nueva posibilidad acerca del enigmático «ser con los otros»”[iii]. En esta apuesta a una manera de hacer el Común, esa parte de la vida social o del grupo que accede a este desafío de “hacer juntos con el vacío de lo que «no hay»”[iv], se hace necesario que primero el grupo haya podido vérselas con el vacío de lo que «no hay». Esta manera de la socialidad que estamos describiendo está en las antípodas de poder construir ese Común. Esos grupos, como el de Ingenieros o de Laferrère, están embarcados en la Lógica del todo, una lógica masculina que cuando debe vérselas con  el «no hay» lo expulsa, lo aplasta.

Habría dos formas de goce que son satisfechas en este “enclave de satisfacción”[v]. Por un lado, la vertiente sádica en el ejercicio cruel sobre el otro. Se goza del otro haciéndolo sufrir y padecer algo que no  puede entender. La otra satisfacción se obtiene de la renegación lograda. Ambos modos se encuentran. Y esto no es aleatorio. La vertiente sádica y la Verleugnung convergen en las bromas pesadas.

[…]

Para Viñas, el titeo [broma pesada] supone una “situación grupal donde el ‘nosotros’ encarna y disuelve la solidaria responsabilidad del verdugo en su relación con la víctima. La violencia de la diálectica verdugo-víctima se atenúa al socializarse en el grupo”[vi]. La relación dual víctima-verdugo encontraría una justificación y una amortiguación en sus consecuencias al grupalizarse. Efectivamente, el titeo o la broma pesada es siempre un dispositivo grupal y en la mayoría de los casos se trata de un grupo que posee un líder. Esto señala la importancia de los cómplices. El que manifiesta poder sometiendo a la víctima, socializa su poder con los cómplices y acrecienta su goce al transferirles una porción de poder, placer y saber en la escena. Al tiempo que se atenúa la responsabilidad del líder-verdugo  se comparte el goce en la violencia.

El relato de la broma pesada ubica a la víctima presentando un rasgo que lo diferencia de los otros.   Ahora
bien, es en la misma operación en la que se registra la diferencia del “candidato” que adviene la homogeneidad de los que lo miran de esa manera. El rasgo se produce en el momento lógico en el cual el grupo se une y compacta en esa distinción del “otro” diferente. ¿Pero, por qué razón esa ausencia, detalle o rasgo diferencial deben ser sancionados y escarnecidos, como parecería ocurrir en la broma pesada y en otros mecanismos de exclusión?

Aquí es necesario interrogarse acerca de cómo se genera el grupo o cuáles son las condiciones de constitución de ese grupo. Se podría pensar en que una diferencia o un rasgo que pone en evidencia al grupo como tal, le muestra, simultáneamente, la posibilidad de su falta o disolución. Se presenta así tanto su unidad como su posibilidad de extinción como grupo, lo que atenta contra su integridad. Eso significa que la constitución misma del grupo es frágil. ¿Frente a qué cosa es frágil? Frente a la diferencia. La diferencia que se presenta con el estatuto de una insuficiencia. Esto pone en riesgo la unidad, la coherencia, la identidad. Razón por la cual ellas son frágiles, inestables y provisorias. Obviamente, dependerá del tipo de constitución grupal lo que determinará la mayor o menor tolerancia a esos rasgos diferenciales. Cuanta más pretensión de homogeneidad, mayores riesgos de disolución. Cuanta más tolerancia a la heterogeneidad, el grupo resistirá desde su propia fragilidad frente a lo que amenaza disolverlo.
[…]


[1] Fragmento del artículo:  "Un rasgo de la víctima como síntoma del verdugo" publicado en la revista “Psicoanálisis y el Hospital” Nº 50: EL SÍNTOMA, 2016. Fragmento del libro La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina, de Lidia Ferrari: Letra Viva, 2016.


[i] Psicología de la viveza criolla. Contribuciones para una interpretación de la realidad social argentina y americana. Buenos Aires, Américalee, 1965.p.125.
[ii]  “Nuestro Común es lo que podemos hacer juntos con el vacío de lo que «no hay»”.  Alemán, Jorge. Soledad: Común. Políticas en Lacan. Madrid, Clave Intelectual, 2012. p. 57
[iii] Alemán, J. Soledad: Común. Ob. Cit. p. 56
[iv] Ibidem
[v] “Después de todo, las insignias, los blasones, las tradiciones, los monumentos, las leyendas, etc, son distintas modalidades de fijación de ese “plus de goce» o más sencillamente, son inscripciones donde la historia se cristaliza para luego prepararse como tradición. El sentido marxista de la historia no ha encontrado las condiciones teóricas para dar cuenta de esos «enclaves de satisfacción» que fijan los mundos simbólicos a sus referencias más estables y sin embargo más enigmáticas y alcanzadas, incluso por el sinsentido. Pues el monumento esconde siempre un síntoma escondido, una fijación de goce enigmática que la épica esconde entre sus argucias retóricas”. Alemán, J. Soledad: Común. Ob. Cit. p. 52
[vi] Viñas, D. Del apogeo...  Ob. Cit.p. 104