jueves, enero 15, 2009

EL TIEMPO, PSICOANÁLISIS Y ORIENTACIÓN VOCACIONAL - Lidia Ferrari

El tiempo en psicoanálisis es el tiempo del deseo. Un tiempo por fuera de ritmos biológicos o convenciones sociales. El tiempo del deseo es radicalmente un tiempo ligado a la construcción libidinal del sujeto y a los efectos paradojales y contradictorios del tiempo en el inconciente. Se ha dicho que el inconciente es atemporal. Es preciso aclarar que no se trata de que el inconciente esté por fuera del tiempo, sino que ignora las coordenadas espacio-temporales de la conciencia, de la vigilia, de la convención.

En este trabajo, dedicado al tema del tiempo como uno de los aspectos cruciales en los procesos de orientación vocacional, no podemos desligarnos de la consideración psicoanalítica del tiempo. Pero no para aplicarlas sin más sino para situar intersecciones y diferencias.

El síntoma en el análisis se trata de una huella de algo que sólo será significado en el futuro, aunque esa huella lo sea del pasado. Como dice Lacan:

"Lo que vemos bajo el retorno de lo reprimido es la señal borrosa de algo que sólo adquirirá su valor en el futuro, a través de su realización simbólica, su integración en la historia del sujeto. Literalmente, nunca será sino algo que, en un momento determinado de realización, habrá sido"…

El tiempo es irreversible. Siempre se avanza en la línea del tiempo. El discurso también es irreversible. Pero ese avance hacia el futuro va produciendo al pasado, lo significa y lo resignifica. Se trata, en psicoanálisis de paradojas continuas en relación al tiempo. El pasado no es lo que fue, sino lo que puede llegar a ser retroactivamente.

En el análisis se irá produciendo un pasado en nuestro viaje al futuro.

Vamos a trabajar distintos tópicos en los cuales aparece el problema del tiempo y sus diferentes abordajes.

Los momentos adecuados para una decisión

Veamos algunas prescriptivas para el análisis que permiten ubicar diferencias en el manejo del tiempo en los procesos de orientación vocacional. Dice Freud:

"La mejor manera de proteger al enfermo de los daños que puede acarrearle la ejecución de sus impulsos es comprometerle a no adoptar durante el curso del tratamiento ninguna resolución importante (elegir carrera o mujer, por ejemplo) y a esperar para ello el momento de la curación. Al mismo tiempo, respetamos la libertad personal del paciente en cuanto sea compatible con estas precauciones; no le impedimos la ejecución de propósitos poco trascendentales, aunque se trate de evidentes simplezas y no olvidemos que sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio. Hay también casos en los que nos es imposible disuadir al sujeto de acometer una empresa totalmente inadecuada a sus circunstancias y que sólo mucho después van madurando y haciéndose asequibles a la elaboración analítica1"

"Puedo, además, aseguraros que estáis en un error si creéis que aconsejar y guiar al sujeto en las circunstancias de su vida forma parte de la influencia psicoanalítica. Por el contrario, rechazamos siempre que nos es posible este papel de mentores, y nuestro solo deseo es el de ver al enfermo adoptar por sí mismo sus decisiones. Así, pues, le exigimos siempre que retrase hasta el final del tratamiento toda decisión importante sobre la elección de una carrera, la iniciación de una empresa comercial, el casamiento o el divorcio. Convenid que no es esto lo que pensabais. Sólo cuando nos hallamos ante personas muy jóvenes o individuos muy desamparados o inestables nos resolvemos a asociar a la misión del médico la del educador. Pero entonces, conscientes de nuestra responsabilidad, actuamos con todas las precauciones necesarias.2"

No nos interesa aquí debatir la validez o no de estas prescripciones en el interior del análisis. Pero sí nos pueden ser útiles para ver la relación entre la neurosis y la posibilidad de tomar decisiones importantes para la vida del sujeto.

En muchos casos de demanda de orientación vocacional en las cuales uno puede observar una fuerte complicación neurótica es necesario delimitar correctamente cuándo es necesario indicar un tratamiento y dejar el proceso de orientación vocacional, y cuándo, aún en casos delicados es conveniente su desarrollo.

En primer lugar, la observancia de Freud indicando el cese de acciones comprometidas para la vida del paciente se hacía en un contexto donde no sólo se trataba de la gravedad del caso, sino que la frecuencia y el tiempo del tratamiento no eran los actuales. El análisis comprometía como hoy un espacio psíquico central en la vida del sujeto, pero, además, inundaba las actividades cotidianas. Se suspendían muchas actividades en pos del tratamiento, y por lo tanto, la suspensión de esas decisiones importantes tenían la expectativa de una modificación subjetiva en un relativo corto plazo. Si bien la prescripción de indicaciones de suspender decisiones importantes tendrán que ver con la marcha singular de cada análisis, lo que queremos aquí es relacionar estas reglas con aquello de lo que se trata la orientación vocacional. Si en el caso de Freud se trataba de indicar que no se tomaran estas decisiones "todavía" eso estaba ligado a considerar que en las condiciones del paciente esas decisiones no serían apropiadas. En realidad él hablaba de una derivación hacia la motilidad de las pulsiones que en todo caso tenían que rememorarse en el análisis. La orientación vocacional es una práctica que pone como objetivo esta toma de decisiones. Esto nos ilustra la importancia que tiene el compromiso neurótico en las decisiones. La prescripción de evitarlas no es sino el intento de resguardar al paciente de que emprenda y comprometa su vida con actos ligados a la compulsión y a la enfermedad. Es aquí donde nos queremos detener en nuestro análisis. Los procesos de orientación vocacional, en general, son demandados en determinado momento de la vida del sujeto. Su adolescencia. Tenemos ahí la prueba más contundente que la vida de los seres humanos transcurre entre paradojas y contradicciones. Justo en el momento menos adecuado para realizar decisiones (casi como un enfermo grave) es cuando hay que tomarlas. Nos vamos a dedicar a este punto más adelante.

En orientación vocacional, por el contrario, se trabaja para poder producir una decisión. Si bien la categoría de decisión definitiva o para toda la vida debe dejarse de lado, no es menos cierto que se trata de llegar a tomar decisiones comprometidas. Pese a ello es claro que se trabaja en pos de ello. ¿Sólo los casos menos neuróticos podrán decidir? ¿Sólo las personas relativamente sanas podrán elegir? ¿Será necesario suspender la elección profesional hasta tanto se produzcan algunos efectos debido a un tratamiento analítico?

Si bien estas preguntas son de orden general, y como tales, implican respuestas también generales, no es ocioso aclarar que habrá que situarse en cada caso singular. Sin embargo, sigue siendo válido pensar que en muchos casos donde podría haber surgido indicaciones tales como: suspenda toda decisión, comience un tratamiento analítico y luego se verá, pueden llegar a ser contraproducentes. En muchos casos hay que evaluar el costo que tiene para el sujeto suspender toda decisión. El poder emprender algo, aún a riesgo de equivocarse, en muchos jóvenes los pone en marcha, y ese ponerse en marcha es crucial para ellos.

Muchos jóvenes están angustiados frente a la tarea de elegir una carrera o de decidir su futuro ocupacional. Es necesario analizar en cada caso lo que está comprometido en su angustia.

En un caso de una joven de 19 años que claramente padecía una neurosis grave y que esto obstaculizaba no sólo su decisión sino su puesta en marcha para la vida, se hacía necesario indicar un tratamiento analítico. Sin embargo, por la situación en la que se encontraba: inmigrante del interior, si no se decidía por estudiar debía volverse (con mucha angustia y sin una clara elección) a su pueblo. Esta situación personal hacía necesario trabajar para que pudiera organizarse en el sentido de encontrar alguna carrera, estudio o trabajo que le permitiera sostenerse y no precipitarse en un derrumbe psíquico, para lo cual el objetivo primero era seguir en ese proceso de orientación vocacional. El tratamiento analítico podría venir luego.

Aquí fue necesario considerar la variable temporal en sus dimensiones convencionales. Cuándo comienzan las clases, en qué momento llega el verano, etc. El tiempo vacío en esta joven era fuente de angustia. Un tratamiento sólo a largo plazo podría mejorar cualitativamente su situación. El proceso de orientación vocacional le permitió organizarse y culminó con una derivación a un tratamiento.

Paradojas temporales.

Es en el momento de la salida de la escuela secundaria, cuando se sale de la adolescencia o durante su transcurso que debe producirse el despegue del núcleo familiar, la salida exogámica para poder producir un propio espacio. Esto que puede ser llamado autonomía, independencia, salida al mundo, etc. se debe realizar en un momento, que podría caracterizarse como anticipado respecto de los propios recursos. ¿Porqué anticipado? La madurez, la experiencia, el conocimiento necesarios para tomar decisiones bien sustentadas se podrían producir luego del efecto que tiene sobre el sujeto esa separación. Se asistiría a una paradoja tal como las del viaje en el tiempo en la física si se esperara estar bajo las condiciones psíquicas tales como las que se encuentran cuando alguien ya ha producido esos movimientos y esas rupturas.

Esto no invalida la apreciación de que el sistema educativo y las diferentes herramientas, como la orientación vocacional en este caso, pueden acompañar, ayudar y favorecer tales elecciones y decisiones. Sin embargo, definitivamente ellas tendrán la características de ser iniciáticas, inaugurantes que luego dará a esas acciones el valor de momentos cruciales, ellas se sumarán para producir un sujeto con experiencia, informado y con recursos para enfrentar el mundo. Esto no podría ocurrir antes de dar ese paso, y no se puede dar ese paso sino iniciáticamente. Ese paso no puede contener lo que se va a obtener justamente por haberlo producido.

Es en el terreno de esta situación paradojal donde a veces se pide suspensión de una decisión a alguien hasta tanto se encuentre en condiciones de tomarla, pero, muchas veces, se trata de condiciones que sólo se obtienen después de haber tomado dichas decisiones.

Creo que en muchos casos hay desde los padres, desde el contexto, demandas de una asistencia tal que se pudiera anular esta paradoja. Y muchos jóvenes demandan asistencia para ello. Si alguien en el lugar de orientador o de analista decide indicar o prescribir suspensión en acciones y decisiones debe tener en claro si no está intentando poder anular esta paradoja. No nos referimos aquí a situaciones por demás frecuentes y que podrían reunirse en la frase paradigmática: No sé lo que quiero, pero lo quiero ya. No estamos hablando aquí de aquellos que no se toman tiempo para informarse y pensar, el tiempo de un proceso de orientación vocacional, por ejemplo. Nos estamos refiriendo a un cierta tendencia a tratar de encontrar las condiciones ideales para producir una decisión.

El valor iniciático de las decisiones y acciones que tomen los jóvenes también es producto de que se trata de un momento donde los cambios son continuos. Se trata de un sujeto que está organizándose, constituyéndose. El valor de la experiencia es fundamental porque justamente se trata de la experiencia como acto exogámico. Ya sean experiencias amorosas, laborales, de estudio, de viajes, toman el valor de inaugurar momentos de autonomía, de salida al mundo. Por lo tanto cada decisión que tomen, cada experiencia que realicen irá construyendo en ellos nuevas herramientas y desarrollará nuevos rasgos y gustos

Aquí es donde podemos citar nuevamente a Freud:

"no olvidemos que sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio".

El tiempo en la decisión.

Existe una concepción, que en filosofía viene de Aristóteles, a través de la cual se piensa que la deliberación razonada es la que conduce a la acción. Se piensa que la forma adecuada para llegar a una decisión es la de una secuencia perfectamente razonada y conciente de todos sus pasos hasta la culminación en una conclusión correcta.

Esta razón ideal que podría calcular el momento adecuado para realizar una acción o para tomar una decisión, supone también un sujeto ideal plenamente constituido que tiene las herramientas para llevar a cabo esa deliberación y además, un mundo con cierta consistencia estable en el sentido que conserva características de constancia y de permanencia, por la cual, mientras estamos deliberando sobre algo que va a ocurrir las variables de nuestra deliberación no se han transformado, porque sino, nos encontraríamos con un problema no incluido en la deliberación. El paso del tiempo transforma los materiales con que deliberamos y por lo tanto nunca se podría llegar al momento adecuado, porque este se correría ad infinitum.

Por eso en una consulta de orientación vocacional no se puede eludir esta consideración del problema. Si se trata de alcanzar las condiciones ideales para tomar la decisión pensemos en que sólo ese momento llegaría con un sujeto adulto, casi un sabio. En varios procesos de orientación vocacional los jóvenes llegan a un punto donde se les hace evidente que su problema es ese. La pretensión de una deliberación eterna a través de la cual pudieran informarse de todo, saber sobre todo, para poder llegar a una conclusión óptima. Ellos mismos, mientras se analiza su situación, se dan cuenta de lo que les pasa. Florencia dice en un momento: "Pero entonces tendría que hacer todas las carreras para poder decidirme".

Sin embargo, los que consultan son adolescentes que lejos están no sólo de alguna pretendida madurez, sino que están muy lejos de poder haber transitado experiencias, albergar conocimientos como para que su deliberación sea amplia y total. Es que la vida de cada sujeto se constituye a través de cada instancia, de cada proceso, de cada decisión tomada. Y estas decisiones son siempre prematuras en cuanto no sólo se confirmará o no su éxito o fracaso en el futuro sino que serán siempre prematuras porque el joven necesita atravesarlas para poder constituirse. En ese sentido siempre una decisión estará anticipando, en situación de avanzar y producir un acontecimiento que modificará la línea de la historia (aunque sea vivida como retardada, demorada, apresurada). Creemos que las decisiones no son calculables aunque sí el trabajo previo para poder llegar a ella. Pero un orientador ni el que consulta pueden predecir exactamente cuándo se tomará la decisión.

No estoy diciendo que se puede decidir desde la espontaneidad, sino que luego de un proceso de trabajo, de análisis, de información, el momento de la decisión sobreviene, no por consecuencia lógica, calculada sino como un acto que irrumpe y sorprende.

Cuando se dice que los jóvenes no están suficientemente preparados se trata de que no están informados, de que no han sido formados convenientemente, que tienen que reflexionar sobre su situación, pero no se puede entender con esto que se esté diciendo que es posible esperar una preparación suficiente para que se eliminen estos problemas. Es necesario el tiempo de la información. Es necesario que se tomen un tiempo para pensar, para conocer y en ese conocimiento transformarse. La permeabilidad de esos jóvenes es tal que cada información nueva (conocer alguna carrera, visitar la universidad, una experiencia de trabajo) desmitifica otra, derriba un prejuicio. Ese tiempo necesario para conocer no es como si se agregara elementos a un cuerpo sólido sino que el joven se transforma y en una cadena de modificaciones que no pueden ser predictible. Lo que sí se puede predecir es su ocurrencia, la necesidad de que esto ocurra y promover acciones para que ocurra.

¿Cómo podemos, entonces, describir a la decisión desde esta perspectiva?

La decisión es el punto que adviene después que se ha accedido a un punto de indecibilidad. Esto quiere decir que hay que tomar una decisión cuando no se puede elegir, en el sentido de deliberar y optar por el mejor.

Citamos a Antonia Soulez3: "Decidir es el espíritu en guerra y de ningún modo una transición sin dolor de la elección razonada al acto".

Dislocación del tiempo en la subjetividad

"Como de costumbre en Nueva York, todo se derriba antes que hayas tenido tiempo de tomarle cariño".4

Se hace evidente que esta frase está separando dos tiempos. Uno el de la construcción y destrucción de algo, en este caso se trata de una grúa demoliendo edificios. Otro tiempo el del cariño, el del afecto. Y un desajuste entre ambos. Para tomarle cariño a algo es necesario un tiempo mayor del que toma hacer y deshacer ese algo. El tiempo de los afectos y el tiempo de las tecnologías están desajustados, mal sincronizados

Este desajuste, tiene como fondo, un imaginario a través del cual existe una percepción compartida por la cual existiría un ajuste entre el tiempo subjetivo y el tiempo del Otro (o el tiempo social, de la cultura), que hace a la ilusión de un mismo tiempo, un tiempo homogéneo, compacto que compartimos todos. Se trata de una consistencia que el yo construye sobre el tiempo y que no deja de tener consecuencias en la vida de las personas.

Creemos, por el contrario, que siempre existe una inadecuación entre el tiempo subjetivo, el tiempo tal cual es percibido por los sujetos y el tiempo Otro, aquel que, por ejemplo, pautan los avances tecnológicos, los tiempos políticos, las guerras, las economías, inclusive el tiempo cronológico (que también es una creación humana).

Obviamente hay diferencias entre estos desajustes. No quiere decir que el tiempo en los sujetos corra por un carril paralelo a un tiempo social o biológico (estamos pensando el tema del tiempo social). Se trata, a mi modo de ver que hay una cierta dislocación, una inadecuación. Es precisamente por la percepción de esta inadecuación que se habla de los tiempos vertiginosos de los cambios.

Sin embargo, cuando vamos a relatos históricos de otras épocas, en todas las generaciones se pueden encontrar huellas de esta percepción de no poder absorber los cambios vertiginosos que se produce. Las nuevas generaciones parecen más flexibles (para las generaciones que las preceden) a 'adaptarse' a esos tiempos más acelerados. Creemos que se trata de una sensibilidad ligada al transcurso de la vida por lo cual, inevitablemente, las nuevas generaciones son las que producen lo novedoso, que, como tal, ofrece resistencia a su incorporación y a su asimilación al tiempo de la subjetividad.

El vértigo supone una posición subjetiva clara de estar inadecuado a lo que ocurre entre el sujeto (sumido en el vértigo) y el mundo que lo rodea. Es la expresión de ese desajuste entre la propia gravedad y la gravedad externa. Algo así como los múltiples problemas que se producen en un organismo expuesto a condiciones gravitatorias extrañas a las del suelo terrestre.

El vértigo es la sensación de que no se puede soportar en estado de equilibrio aquello que nos rodea. He ahí un indicio de un estatuto de la subjetividad, desfasada respecto del campo del Otro. Uno y otro no se recubren, no se ajustan, no coinciden, no se corresponden.

El problema, planteado culturalmente en la actualidad, toma la forma de que se advierte, se avisa y se promueve la posibilidad de que este encuentro, que esa adecuación se produzca.

Si estudiás tal carrera, en tal universidad, si hacés esto o lo otro, estarás de 'acuerdo' a los "tiempos que corren". A mi modo de ver se trata de un engaño que, precisamente, para aquellos que creen en esa versión, tiene como consecuencia un mayor desajuste, conflicto y sufrimiento, porque corren detrás de algo que siempre se está corriendo, a su vez.

Si bien esta dislocación respecto del tiempo no puede ser suturada, corregida, reparada, en el sentido de su estructura, creemos que tendrá más recursos contra sus efectos imaginarios y reales devastadores aquel que pueda, en alguna ocasión, soportar, sobrevellar esa inadecuación, que aquel que alocadamente intente eliminarla.

Hasta las herramientas de análisis que disponemos en la actualidad (léase psicoanálisis en nuestro caso) es difícil pensar en una subjetividad que no se configure de acuerdo a los cánones que se transmiten y se modifican de generación en generación, través de la dialéctica identificatoria edípica. Esta teoría que intenta dar cuenta de la constitución subjetiva nos advierte que, los seres humanos, por ahora, están muy lejos de convertirse en androides.

Por lo tanto, este apremio de adecuarse a los 'tiempos que corren' no hace sino provocar alocadas carrera que, en muchos casos, hacen entrar a los individuos en las divertidas paradojas de Zenón de Elea que no son más que las contradicciones en las cuales se hallaría quien intente sostener de modo obcecado la sucesión del tiempo como formados por una sucesión de infinitos instantes consecutivos.

Creemos que, en orientación vocacional se trata de organizar una estrategia que contenga este modo de incluir la dislocación temporal en el sujeto.

Es por la percepción de una inadecuación que no se termina de aceptar que existen las innumerables actividades que intentan ajustar lo desajustado, la orientación vocacional debe algo de su razón de ser en esa insistencia.

El tiempo del que consulta.

En orientación vocacional hay un tiempo que, si bien no puede ser apresurado, si es necesario tener en cuenta la prisa de los plazos necesarios para tomar determinada decisión. Hay un tiempo, como decíamos más arriba, que siempre va a ser anticipado respecto de las condiciones para llegar a una óptima decisión, porque en realidad, es necesaria esa anticipación para que la decisión tome el valor de algo que haga huella como experiencia.

Si la decisión, una vez tomada y efectuada modifica al sujeto, no podrá volver al momento anterior. Por eso, cuando inicia un proceso de orientación vocacional alguien que pasó por alguna elección, alguna decisión importante, fallida tal vez, no se puede desconocer la huella de esa experiencia, porque desde allí va a elegir nuevamente. Muchas veces los jóvenes viene después de haber iniciado carreras, de haber trabajado, de haber tenido tiempo inútil como si estuvieran como antes de salir de la secundaria. Creen que es posible estar en tabla rasa cuando ya hay inscripciones a tomar en cuenta.

Por eso es necesario tomar en cuenta el tiempo del que consulta considerado desde su posición subjetiva incluyendo el momento que está viviendo. En el caso de orientación vocacional hay un tiempo que, si bien no puede ser apresurado, si es necesario tener en cuenta la prisa de los plazos necesarios para tomar determinada decisión.

Desde esta misma perspectiva para pensar el tiempo es que es necesario considerar el momento vital de aquel que consulta. No es lo mismo el desarrollo de un proceso de orientación vocacional en el último año de la escuela secundaria al de después de haber pasado por una experiencia de decisión. Una decisión fallida o conflictiva, o que pone en juego la problematización de esa decisión, necesariamente va a ocurrir después de efectuada. Antes es sólo una apuesta, una decisión que pone en juego ciertas variables que hay que analizar, y luego sólo la apuesta. Pero una vez efectuada la apuesta, una vez que se ha dado ese paso, se podrán incluir dentro del campo de la experiencia lo que suceda, y ahí pueden surgir la sintomatización respecto de la diferencia entre lo esperado y lo encontrado, o respecto de lo que efectivamente se tiene que poner en marcha. Es aquí cuando surgen dudas, inquietudes, conflictos que problematizan la decisión tomada, y es aquí cuando el trabajo se hace radicalmente de forma diferente. El sujeto ya no es el mismo, y atravesado por la falla al mismo tiempo que puede estar en una posición más sufriente, también puede ser una experiencia de análisis del conflicto con mayor compromiso del que consulta. Ya pasó por una experiencia que lo ha marcado. Y allí, las consecuencias tendrán diversas formas de inscribirse en la historia de ese sujeto. Ya no se trata de la idea de lo que va a ser sino de lo efectivamente transitado. Y es allí donde puede aparecer en forma más clara la sintomatología que surge en función de la neurosis de cada uno por lo que se hizo.

Es muy diferente el trabajo que se puede realizar con alguien que todavía no pasó por la experiencia de hacer una apuesta ligada a la exogamia, a su independencia, y el que ya hizo alguna. Antes de tirar los dados están las ilusiones, promesas, expectativas. Lo que vendrá es pura imaginación. Luego de la tirada de los dados están los resultados, la decepción, la satisfacción, el análisis de lo que sucedió con la tirada. El sujeto no es ya el mismo. Pasó por la experiencia.

Por eso es muy importante el momento vital en el que esté instalado el que consulta. No pensamos aquí en algo esquemático como la edad cronológica. Sino la edad cronológica ligada con la experiencia vital del sujeto.

Obviamente, la referencia de que está cursando quinto año es un dato importante. Todavía no egresó, no produjo el pasaje hacia otro lugar, Universidad o lo que fuese, si pensamos en la población típica de clase media que consulta.

Pero hay jóvenes que no hacen la escuela secundaria, hay jóvenes que ya han apostado, que han trabajado, y eso tiene incidencia. Si se trata de alguien que está en uno de sus primeras decisiones importantes o se trata de alguien que ya ha transitado por allí, o si se trata de alguien que ni siquiera alcanza a percibir que se encuentra en ese punto.

La orientación vocacional, además, tiene un límite de tiempo. No es posible no tenerlo aunque creo que es necesario no prescribir el tiempo de trabajo, sí es cierto que este no puede ser largo. Las consultas de orientación vocacional deben llegan a un momento de conclusión. Aunque sea el de no poder decidir en ese momento. Se trata de una conclusión. Estudiar, no estudiar, esperar, seguir pensando. Es esto lo que le da a la orientación vocacional el lugar de un espacio donde el tiempo se toma en cuenta, se articula con las urgencias, apremios y lentitudes del tiempo social, cultural. Porque en orientación vocacional se pone en juego la articulación, a veces iniciática, del joven con el mundo. Y entonces, ambos: sujeto y mundo, intentarán articularse también en el tiempo.

Dejar a un sujeto librado a "su" tiempo subjetivo, es engañarse de acuerdo a cómo la percepción temporal se articula, necesariamente, en relación al Otro.

En el dispositivo analítico el tiempo es el de la transferencia. Y si bien en orientación vocacional se trata de un dispositivo que pone en juego la transferencia, no es como en el análisis que el tiempo de la transferencia es sobre la que se anuda la puesta en acto de la realidad inconciente. Y se necesita, para ello, el tiempo para que ello ocurra.

Coartadas para seguir esperando.

Matías es un joven que pasó por varios intentos de carrera. Ninguna era lo que quería. Está deprimido. Tiene un trabajo que es a la vez lo está formando en el área económica. No le gusta. Nada de lo que hace le gusta. Lo que le gusta está lejos. Como promesa inalcanzable.

El caso de Matías es ilustrativo de cómo se pone a cuenta del hallazgo del objeto de su deseo todas las acciones del sujeto. Matías está ubicado en un tiempo por el cual el objeto que él quiere siempre está en otro lugar y en otro tiempo del que él se encuentra. Participa de un denominador que es común a varios jóvenes. Están a la espera que aparezca lo que les gusta, porque entonces ahí sí podrán comenzar a vivir. Esta coartada de que todavía no encontraron 'su' objeto lo deja a la espera de la aparición, hallazgo o encuentro con lo que quieren hacer. Y esto dilata, frena y detiene la marcha en función de poner a andar algo que los pueda confrontar con la falta. De qué, de que cuando encuentren el objeto no va a ser lo que ellos suponen ahora. Y, en muchos casos, ese objeto ya pasó por sus manos, pero no lo tomaron.

Es la promesa del encuentro con el objeto de su deseo lo que sintomatiza y hace deslizar todo del lado de la espera a que ese acontecimiento se produzca. El sujeto está a la espera5 y, por lo tanto, absolutamente pasivo, respecto de ese encuentro que ‘todavía ‘no se produjo. Es efectivamente, el aspecto temporal, (en cada sujeto la lógica temporal se estructura de acuerdo a su organización psiquica) para Matías, donde el pasado fue lo mejor, pero siempre luego que ocurrió y el futuro es la promesa, pero cada vez más difícil de sostener del encuentro con lo que a él le gusta.

El ‘todavía’ implica la ilusión del hallazgo con el objeto, fantasía destinada a rechazar la confrontación con la falta, en el cual el esfuerzo está destinado a detener eso que amenaza con producirse todo el tiempo.

Aquí la castración sería el estatuto teórico de aquello que para Matías es, por ejemplo, sucumbir a los efectos de que solamente podrá encontrar los objetos que están a su alcance toda vez que mida las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, la carrera no será la mejor ni la más afortunada. El éxito dejará de ser un todo para, en todo caso, ser un objetivo que le permite ir recorriendo un camino. La espera del encuentro de esa carrera que le promete satisfacción porque le gusta, recompensa económica y no demasiado esfuerzo, lo ubica en el ‘todavía’ esto puede llegar a producirse. Obviamente, el paso del tiempo lo acerca cada vez más a la posibilidad de perder esta ilusión, y esto es lo que hace volverse sobre sus pasos, y comenzar a reconocer cuanto de lo que estuvo transitando valía la pena en el sentido de que era un camino que estaba haciendo. Muchos jóvenes se ven confrontados con estas desilusiones, y el tiempo cronológico logra tener sobre ellos el efecto de mostrar que están instalados en sostener una ilusión, y que eso mismo les impide hacer algo en pos de lo que quieren.

En las demandas de orientación vocacional esa promesa, que de algún modo está alimentada por el hecho de que se dice que es mejor estudiar o trabajar en lo que uno le gusta, la promesa de encontrar o hallar lo que a uno le gusta, a veces es la coartada para no pensar, analizar, reflexionar, elegir y decidir sobre el objeto, que ya no será ilusorio, imaginario, como aquel encuentro mítico con el objeto perdido, sino el encuentro con algo que desde lo simbólico, lo ponga a funcionar como sujeto que produce, desea y vive tomando los objetos del mundo.

El problema del tiempo en la decisión y su relación con la transferencia

Por efectos de la transferencia, condición de un análisis, se supone un saber a otro, un saber que puede anticipar lo que surgirá, en el futuro, como material de análisis. Es necesaria esa ilusión que destruye coordenadas convencionales del tiempo para permitir la ocurrencia de un análisis. También esta suposición es necesaria para un proceso de orientación. Suponer un saber al orientador sobre el futuro del que consulta. También es condición necesaria. Pero veremos cómo lo que se trabaja y elabora es distinto.

En algunos casos es en el lugar de la transferencia donde urge una precipitación en la decisión. Se escucha, en ocasiones, tomar la forma de pedido expreso de que se le diga algo, no pudiendo seguir hablando. En otros toma la forma de a qué vengo aquí, se transfiere sobre el orientador la imposibilidad de una toma de decisión, por ejemplo, bajo la forma de que no sabe.

Se trata, a mi modo de ver, que en algún momento, en el punto de la indecibilidad, es decir que no hubo una consecuencia lógica razonada donde apareciera la decisión, y entonces comienza a advertirse que la decisión es eso, apostar sin más, que aparece la figura del orientador. En muchos casos hemos advertido que, si el orientador se abstiene de indicar o sugerir una decisión, el joven, al verse confrontado con que sólo resta que decida, vuelve la mirada a la orientador esperando que él haga algo. Se espera del orientador una palabra, un gesto que resolviera o diera indicios de esa decisión. Al no hallarla, porque el orientador se abstiene, cae esta imagen del orientador que todavía, como pendiendo de un hilo, era el garante de evadir la toma de la decisión. En el momento en que el hilo está muy tenso, (y esto es totalmente singular, de cada caso). Esto, que es singular en su forma pero que podemos verlo en casi todas los actos de toma de decisión, es un momento donde la figura del orientador da un giro para el que consulta. Como no se trata de un análisis, no se puede desplegar toda la fantasía en relación a la transferencia. Ese límite, que es el límite y unas de las diferencias más importantes que guarda una consulta de orientación vocacional a alguien que además es analista, con el análisis mismo, es el límite mismo de la demanda. A diferencia de un tratamiento analítico, que cuando algo se pone en juego transferencialmente, surge la posibilidad de pensar un poco más allá de la necesidad de tomar una decisión, en orientación vocacional es cuando se debe apresurar un acto.

Esto ocurre porque, si efectivamente se pudo llegar a construir un espacio donde hablar de sus dudas frente a la elección, y se pudo desarrollar y desplegar esa preocupación, efectivamente, hay un momento, previo a la toma de la decisión, que aparece como urgencia, como algo que no le pertenece a él. "Tiene" que decidir.

Creemos que la clave de esto es que se trata de la estructura misma de la toma de decisión. Se trata de una forma de adelantarse a aquello que no podrá venir de ningún modo. Es decir, la decisión sopesada, calculada y razonada de modo lógico formal. Tengo estas variables, estas funciones y me da tal resultado. En una apuesta subjetiva como la de elegir una profesión, si es que está la intención de hacerlo como eso, como apuesta personal, las matemáticas no sirven. Las cuentas no dan. Las reflexiones y las consultas no alcanzan, o mejor dicho, en algún momento sobran. Es ahí, cuando esto se hace evidente, cuando se alcanza la certidumbre de que no se va a conocer todo para tomar la decisión exacta, correcta, es cuando debe sobrevenir un acto, una toma de decisión.

Por eso decimos, que en esos momentos, sobrevienen las situaciones más dificiles en relación a la transferencia con el orientador. Necesariamente el orientador ahí cae como aquel que podría asegurar o garantizar que la decisión no sea eso, una decisión singular.

Por eso nos parece que es muy interesante plantearlo esto en términos de los tiempos lógicos de Lacan, no esperando más que el instrumento teórico que nos permita pensar en esas situaciones difíciles, para sostener como orientadores. Por eso muchos pueden concluir, cerrando el proceso de orientación, y otros no, se van antes, desaparecen. Y esto, muchas veces es la expresión de esa inadecuación que comienza a gestarse cuando se está incubando la urgencia de la decisión. Por eso, para el orientador también es muy difícil este momento, porque tampoco se lo espera. Por tratarse de esto, de momentos que sobrevienen de forma anticipada, o diríamos extemporáneamente a la sucesión esperable, también el orientador muchas veces no puede prever ni esperar lo que va a ocurrir. Por eso es tan difícil ocupar ese lugar, sin caer en los tecnicismos de algún tipo de orientación vocacional, o sin intentar suturar, cerrar estos acontecimientos. Planificar un deteminado número de sesiones sería un modo de controlar esto. Tal vez sirva para trabajar con más tranquilidad, pero es probable que no pueda desplegarse dentro del proceso mismo de orientación vocacional estas idas y vueltas que hacen a las condiciones de la elección. Por supuesto que esto se despliega aunque la persona no consulte. No es como en el análisis, que solamente puede producirse un análisis dentro del lugar mismo. En este caso, las características generales de esta toma de decisión, por lo que hemos visto, se conservan, porque hacen más a las condiciones para llegar a una toma de decisión subjetiva, cuando el que decide y elige está realizando una apuesta en la que quiere o intenta comprometer su deseo.

(*) Publicado en la Revista Ensayos y Experiencias Año 5 Nº 28. Colección Psicología y Educación. Buenos Aires, Ediciones Novedades Educativas. Mayo-Junio de 1999. ISSN 0328-352

1 S. Freud. "Recuerdo, repetición y elaboración". O.C. T.II. Biblioteca Nueva. Madrid.
2 S.Freud. "Teoría General de las Neurosis. XXVII. La transferencia." O.C. T. II.Madrid.
3 Antonia Soulez. "De la eficiencia del acto: ¿Causalidad mental o lotería?". "Textos sobre el Tiempo Lógico". Cuaderno de la escuela lacaniana de psicoanálisis. Buenos Aires. 1992.
4 James Merrill, "An urban convalescence". Citado en Marshal Berman: "Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad". Siglo XXI. Madrid 1988.
5 ..."La original concepción de la espera como antítesis auténtica e la actividad (en lugar de la pasividad "como lo querría la razón") es ingeniosa ....". Comentario de J. Lacan al texto "El tiempo vivido" de E. Minkowski. "Textos sobre el Tiempo Lógico". Cuaderno de la escuela lacaniana de psicoanálisis. Buenos Aires. 1992.

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